Lunes, diciembre 11, 2017
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El estilo Moreno

ECUADOR (O) | Nada de lo que hemos visto del estilo Lenín Moreno cambiará cuando llegue a la Presidencia de la República si son consagrados –como lo serán– los resultados oficiales del CNE. Será una repetición de lo que hemos visto en esta campaña: cuando tiene que hablar, canta; cuando tiene que debatir, corre; cuando tiene que definir posiciones claras sobre temas complejos, dice cosas inentendibles. Será una persona de rostro bueno y amable mientras un mundo oscuro –como lo fue el de la campaña sucia, el del abuso de los recursos públicos– se moverá detrás de las bambalinas. En esos claroscuros que generará su conducción se moverán los intereses y aspiraciones de los ideólogos de su campaña, los de Jorge Glas, el legado intocable de Rafael Correa, y los ingenuos sectores populares que seguirán viendo en él a una persona buena sentada en una silla de ruedas, que se acerca para consolar sus dolores y sus tristezas. Será el gran protector de los pobres, desvalidos y discapacitados.

Por: Felipe Burbano de Lara

Tomado de Diario EL UNIVERSO (O)

No hay ninguna razón para pensar que Lenín Moreno traerá una lógica política distinta a la revolución ciudadana. A lo mucho invertirá las relaciones entre los elementos de legitimación del poder. Si de vicepresidente fue el rostro bueno mientras Correa restringía derechos, atropellaba a las organizaciones sociales, enjuiciaba a periódicos y caricaturistas, maltrataba en las sabatinas, él contaba chistes, se reunía a puerta cerrada con los agraviados, para pedirle paciencia y comprensión a la vehemencia del presidente, cuyo amor a la patria, eso sí, nadie podía poner en duda.

Si se posesiona el 24 de mayo, todo será al revés: el rostro amable y bueno, bonachón, dominará la tarima de lo público, mientras el ejercicio y la distribución del poder se mantendrán en secreto. Cambiará la escena de lo público para que todo siga igual. Moreno no da ninguna garantía para transparentar el poder. El domingo en la noche, la escena en la tarima de los Shyris fue muy reveladora: mientras él cantaba, Correa, hecho el que cede el poder, se colocaba detrás suyo. Mientras él canta, mientras él se toma la tarima, el poder pasa a un lugar discreto. A diferencia de Correa, donde lo público ponía en escena un modo autoritario de distribución y lucha por el poder en la sociedad, donde el poder se mostraba desnudo, violento, desafiante, arbitrario, con Moreno lo público será la escena donde las almas y los espíritus muestren su pureza cantando con voz de tarro y rostro de ternura.

Siempre estará allí para disimular la distribución del poder entre los heterogéneos y complejos actores de Alianza PAIS. Su estilo será una versión criolla, adaptada de un laissez faire: dejar hacer, dejar pasar. Moreno es la cobertura de un juego de distribución del poder interno de Alianza PAIS en el momento de retiro del caudillo. No tiene ningún proyecto, ninguna ideología, ninguna visión, salvo aquella que definan los intelectuales del movimiento, todos ellos serranos, que creen en la continuación del proceso y en 12 revoluciones nuevas.

La influencia de los ideólogos durará lo que demore despertar a la realidad, tener que enfrentarla con alguna seriedad. Entonces, el cantante tendrá que salir de su candor, de su adormecimiento, de su trivialidad. Para Alianza PAIS el apretadísimo triunfo tiene un cierto olor a tragedia: tener que cargar con su propio muerto, lidiar con el fin de su ciclo bajo el estilo Moreno.

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