Sábado, agosto 19, 2017
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Horror en un aula de clases de Quito

SUR DE QUITO (I) | 41 niños fueron abusados en su aula de clases entre 2010 y 2011. Su agresor fue un profesor que apenas tenía título de bachiller. Y aunque ya fue sentenciado y cumple una pena de 16 años, las víctimas y sus padres esperan que se cumpla la reparación simbólica: una placa en el aula de clases con la leyenda: “En memoria de las víctimas de abuso infantil en el sistema educativo”. Pero el rector de la Academia Aeronáutica Mayor Pedro Traversari, donde sucedieron los hechos, se niega a cumplir la disposición judicial.

Por: Susana Morán

Tomado de PLAN V (I)

Sur de Quito (Pichincha). El relato horroriza. La historia de los 41 niños abusados sexualmente en un colegio del sur de Quito deja sin aliento a quienes leen la publicación titulada La herida oculta en el portal sentimosdiverso.org.  Es una investigación de las periodistas Cristina Arboleda e Isabel González, quienes reconstruyeron uno de los casos más dolorosos que se ha conocido hasta ahora en una institución educativa de la capital.

El lugar de los hechos fue la Academia Aeronáutica Mayor Pedro Traversari (AAMPETRA), ubicada en el populoso sector de Chillogallo, en el sur de Quito. El tiempo: el año electivo 2010-2011. Y la historia de las periodistas arranca sin tregua: “El aula de Sexto C se volvió oscura. El profesor José Luis Negrete Arias insistió en tapar las ventanas. Los padres de los 41 estudiantes compraron las cortinas para proteger a sus hijos del sol, sin saber que el peligro estaba adentro. Allí, durante once meses, el docente sin título universitario insultó, torturó y abusó sexualmente de todos los alumnos sin que nadie lo notara”.

En ese entonces, los niños tenían entre 10 y 11 años. El profesor forzó a los estudiantes a repetir escenas pornográficas de las películas que veían en clase. Los obligaba a desnudarse. Tocó a las niñas y rayó con marcadores sus partes íntimas. El profesor pegaba a sus estudiantes con un tubo y un cable. Fue allí donde, dice el relato, violó a una alumna.

Y estaban seguros de que ese hombre de mirada perversa, que fingía hablar con sicarios durante las horas de clase, cumpliría la amenaza de matar a los padres e incendiar la casa del primero que hablara. Él sabía dónde vivían y les llamaba por teléfono si faltaban a clases”, continúa la historia.

En el proceso hay otros detalles. La denuncia de una madre de familia desencadenó las investigaciones. Su hija empezó a llegar a casa con moretones en los brazos. Así se enteró del infierno que sucedía en el aula. Los golpes del profesor podían dejar incapacitado a un menor hasta por tres días. Insultaba a los varones por el simple hecho de tener hojas rosadas en sus cuadernos.

Los exámenes que les efectuaron a los niños solo confirmaron lo peor. Ansiedad y angustia. Estrés post traumático. Depresión y pánico. Incontinencia urinaria y sentimientos de culpabilidad. Irritables y con tendencia al llanto. A estos resultados se suman los descritos en la investigación periodística: “Una de los 41 pintó su cuarto de negro, uno de los 41 no quería encender la luz, una de los 41 lloraba si pasaba cerca de la escuela, varios de los 41 intentaron suicidarse”.

Lea toda la investigación publicada en el portal Sentimos Diverso.

En el 2012, tras las denuncias, el profesor José Luis Negrete Arias huyó y estuvo prófugo hasta septiembre de 2015 cuando fue capturado. Fue condenado a 16 años de prisión por violación a una menor y a 7 años por atentado al pudor contra los 41 estudiantes. Esta sentencia fue ratificada por la Sala de lo Penal de la Corte Provincial de Pichincha el 23 de mayo de 2016.

La condena incluyó reparaciones materiales e inmateriales. En lo material, el profesor está obligado a indemnizar con 10.000 dólares a cada una de las 41 víctimas. Dentro de las inmateriales está el tratamiento sicológico para los estudiantes. Asimismo la sentencia pide al  Ministerio de Educación que establezca “políticas públicas para conminar a las instituciones educativas privadas de estándares más altos para el ingreso de personal docente y administrativo”. ¿Qué ha pasado un año después de esta sentencia? Educación aún tramita el pedido de entrevista que hiciera Plan V.

Pero también dentro de estas reparaciones se obliga al colegio a poner una placa en el aula de clases con la leyenda “En memoria de las víctimas de abuso infantil en el sistema educativo”. La placa debe ser develada en un minuto cívico y con la presencia de los familiares de las víctimas. El salón debe ser convertido además en un lugar para charlas de prevención contra la violencia infantil.

El próximo 21 de junio se cumple un año de que la sentencia esté “ejecutoriada”, es decir que se han concluido todos los trámites legales. Por lo tanto es el plazo máximo para la reparación simbólica. “Si no es la primera, es una de las primeras” sentencias de este tipo, dice la fiscal del caso Mayra Soria.

En su experiencia en la unidad de Violencia de Género de la Fiscalía de Pichincha, por lo general el victimario no tiene los recursos para el pago de indemnizaciones. Entonces cuando ven esta falencia, la Fiscalía pone énfasis en la reparación inmaterial. “Los papás tenían indignación porque las autoridades de la escuela nunca les apoyaron”, dice Soria. Ellos sintieron, agrega la fiscal, que las autoridades no escucharon sus denuncias y no tomaron medidas como apartar el profesor hasta que las investigaciones esclarezcan el caso. Ante una denuncia, las autoridades deben tomar medidas de protección inmediatas.

La fiscal Soria asegura que es la primera vez que conoce de un abuso sexual sistemático, generalizado y con distintas gamas de delitos contra todos los estudiantes de un aula de clases.

Pero es la misma institución educativa la que ahora pone reparos a esta decisión judicial. Luis Naranjo Paredes, rector de AAMPETRA, interpuso una acción extraordinaria de protección ante la Corte Constitucional. En la audiencia sobre este recurso, Naranjo dijo que a su establecimiento, al no ser sujeto procesal, le están afectando el buen nombre de la institución.

El hermetismo en AAMPETRA es total. Ni funcionarios ni autoridades quieren hablar del tema. El rector Luis Naranjo no contesta correos ni llamadas. En una visita que hiciera Plan V al colegio, no atendió el pedido de entrevista. Salió sin que sea visto. Walter Enríquez, abogado de AAMPETRA, antes de colgar la llamada, dijo que no se pronunciará hasta que la Corte dicte su resolución. Después no volvió a responder. El vicerrector tampoco quiso comentar. Una funcionaria del establecimiento acompañó a la periodista de Plan V hasta la salida.

Un ‘monstruo’ en clase

Cristina Arboleda e Isabel González publicaron la segunda parte de su investigación el lunes 29 de mayo. Allí se cuenta quién era el profesor que torturó a los 41 niños. “José Luis Negrete ingresó a la Academia Aeronáutica Mayor Pedro Traversari (AAMPETRA), como un reemplazo temporal. Tenía 22 años y era bachiller en comercio. Su escasa experiencia en una empresa de sanitarios y en una zapatería no lo acreditaban para ejercer la docencia. Aún así, fue el profesor principal de Sexto C durante todo el año lectivo 2010”.

Con amenazas y golpes, Negrete llegó a tener tal poder sobre sus alumnos, que los convenció para que sus padres firmaran una carta para que se mantenga como su profesor durante el 2011. El silencio acompañó la tortura durante sus clases de Ciencias Naturales. Hasta que las marcas de los golpes en el cuerpo de una estudiante prendieron las alarmas.

Pese a las evidencias, Negrete siempre se declaró inocente. Tampoco se le practicó un examen sicológico. La fiscal Soria cuenta que tras su fuga, los procesos judiciales tuvieron que detenerse. Una vez capturado, el juicio arrancó de inmediato. Fue considerado como el “quinto más buscado” del Ecuador. Un video del Ministerio del Interior registra su detención.

Video publicado por el Ministerio del Interior

Pero esta historia solo destapa una realidad preocupante. ¿Qué está haciendo el Estado para evitar que se cometan abusos en las escuelas? Según la investigación periodística, no existe una política pública ni una institución que haga seguimiento a estos casos. La información es más escasa en los establecimientos privados. “En Ecuador, hay 1.800 profesores de colegios fiscales con título de bachiller”, dice Jorge Fabara, coordinador jurídico del Ministerio de Educación, citado por las periodistas.

La fiscal Soria dice que los agresores sexuales siempre buscan tener contacto con niños en escuelas, guarderías, transportes escolares. Por eso la importancia de la directriz que establezca el Ministerio de Educación en las instituciones privadas para el ingreso de profesores y personal educativo. Por ejemplo, sugiere exámenes sicológicos para seleccionarlos.

‘La malcriada’

Malcriada. Así se calificó a una de las estudiantes que denunció los abusos en el AAMPETRA. Una estrategia normal en este tipo de juicios. La defensa del agresor busca cuestionar el pasado de las víctimas y desacreditarlas. En la unidad de Violencia de Género de la Fiscalía conocen los estigmas a los que se enfrenta una víctima: vaga, ofrecida, quiere sacar plata… Y el abuso empieza a ser invisibilizado.

No es el único. La fiscal de Pichincha, Tania Moreno, recuerda que en una escuela de la parroquia San José de Minas se procesó a un profesor por pornografía infantil y abuso sexual. Hubo tres víctimas. Ocurrió en el 2011. El caso llegó hasta la Corte Nacional de Justicia, donde la sentencia de ocho años contra el profesor fue revocada. La imagen del maestro que ha trabajado toda la vida en un institución puede pesar más. Hay grupos de madres que lo protegen. En casos así la víctima se siente en medio de dos bandos: los que la apoyan y los que la atacan.  En AAMPETRA, según recoge la investigación periodística, “la psicóloga de la escuela reunió a los alumnos con el profesor y les preguntó qué ocurría. Frente a él, todos callaron”. “Es un revictimización terrible”.

Moreno recomienda creer inmediatamente a las víctimas. No hacerlas sentir culpables y jamás juzgarlas. “Y lamentablemente a veces comienza en casa: ¿por qué saliste?, ¿por qué te pusiste esa falda?, ¿por qué te encontraste a solas con el profesor?”.

Lo ocurrido en AAMPETRA roza lo inimaginable. Incluso para la fiscal Soria. De su experiencia con casos de abuso sexual en colegios, cree que existe mayor riesgo con niños entre 3 a 4 años. Pero en este caso sucedió con niños grandes. Eso sí recalca que situaciones de violencia pueden ocurrir en cualquier contexto.

¿Cómo evitar? Lo importante es que los niños tengan prendidos los semáforos. Que conozcan y tengan la información necesaria. De ahí que Soria solicitara que en la sentencia se dispusiera que en esa misma aula donde fueron abusados 41 niños se dieran charlas de prevención. “Hay que decir a los menores que nadie puede vulnerar su intimidad”.

Asimismo recomienda que los padres estén atentos a señales peligrosas. Como por ejemplo que el niño moje la cama o tenga pesadillas. Si un padre escucha un relato de tipo sexual es una alerta. “También las estimulaciones autoeróticas en los niños o actos sexuales entre niños son síntomas seguros de abuso”.

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