Sábado, noviembre 18, 2017
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El licenciado Moreno quiere que le digan Presidente

ECUADOR (O) | El Correísmo no perdió tiempo: ha hecho una carrera contra el tiempo para legitimar la victoria, altamente cuestionada, de Lenín Moreno. En algún momento será posible reconstruir lo que ocurrió, puertas adentro en Alianza País, desde el momento en que se dieron los resultados de los exit poll hasta hoy a las 13:00, cuando Juan Pablo Pozo dio los resultados del CNE y, de paso, ungió a Moreno. Pero todos los pasos han sido concertados entre el Gobierno y su CNE para anclar en el imaginario nacional e internacional que Moreno es el nuevo Presidente de Ecuador.

Por: José Hernández

Tomado de 4PELAGATOS.com (O)

El primer ejercicio fue mediático: usar todos los canales y las redes sociales para amplificar el resultado que dio Juan Pablo Pozo la noche del domingo. Al porcentaje del CNE, el régimen sumó el conteo rápido que mentirosamente fue presentado como un producto de la Escuela Politécnica Nacional.

Cerrado este ciclo, el correísmo lo trepó en la tarima y lo exhibió en el balcón. En la noche del domingo, celebró en la Avenida de Los Shyris. Lenín Moreno fue acogido como el nuevo presidente. Se dedicó a cantar un repertorio tipo fósil, convertido esta vez en la estrella, aunque Correa lo acompañó en el micrófono. Moreno hizo notar la inquietud que lo envuelve sobre su legitimidad. Por eso anunció en esa tarima, ante el aplauso de los militantes, que Teleamazonas ya había reconocido su victoria… En realidad ese canal estaba presentando las cifras entregadas por el CNE.

El aparato no paró de registrar esa noche los mensajes de felicitación provenientes de “líderes latinoamericanos”: Evo Morales, Nicolás Maduro, Cristina Fernández de Kirchner… Estos mensajes fueron anunciados y repetidos en todos los medios controlados por el gobierno y en sus cuentas sociales. Todos volvieron a transmitir, el lunes en la mañana, la presentación que hizo Correa de su binomio (y sus esposas), que todavía no ostentaba ni siquiera el estatus formal de electo, en el balcón de Carondelet. Durante el cambio de guardia. El fin era obvio: posicionarlo en el palacio de gobierno como nuevo presidente, virar la página y enterrar bajo toneladas de hojarasca propagandística las dudas y sospechas de un fraude electoral.

El CNE, todo el aparato estatal con Correa a la cabeza, sus dependencias informativas, sus troles, solo han tenido un norte desde el domingo en la noche: crear un hecho consumado. Convertir las denuncias de fraude en una curiosidad más de esta elección mientras forjan un escenario irreversible para Guillermo Lasso en el campo nacional e internacional.

Puertas adentro, el gobierno parece pensar que tiene casi todos los factores a su favor: el CNE es suyo y Juan Pablo Pozo, a quien Correa instaló en ese cargo con una llamada desde China, ha hecho su tarea. Las impugnaciones que presenta esta tarde (4 de abril) serán recibidas y pasarán, en casos, al Tribunal Contencioso Electoral, dirigido por el hermano del Fiscal Baca Mancheno. Nada raro puede pasar entre camaradas y familiares. Ahora, Moreno ha comenzado la ronda de ruedas de prensa donde pide que le traten de Presidente; mostrando un deseo vivo y urgente de legitimización. Con los días llegarán del exterior los saludos protocolarios de los gobiernos. Y ya:  el correísmo dirá que es cosa juzgada.

El cálculo del correísmo sería perfecto si no hubiera 4’827.753 personas que, según las cifras sospechosas del CNE, votaron por Guillermo Lasso. Apenas 229.396 votos menos que los obtenidos, según el CNE, por Moreno. Es poco para pretender minimizar la decisión de Lasso de no reconocer su elección. Y cerca de cinco millones de votos a favor de Lasso es un enorme volumen para creer que el tema del momento se subsana con más propaganda o con más mensajes sucios para denigrar a los opositores. Es un craso error creer que entre más se deslegitime la lucha por la verdad sobre lo que ocurrió el 2 de abril, mayor será el grado de legitimación de Lenín Moreno.

La lucha por el reconteo voto a voto quizá no mortifique a Rafael Correa pero mina el piso a Lenín Moreno. El mensaje de transparencia, del recontento voto a voto es para él y lo tendrá que procesar. Exigir que se le llame Presidente no depende de que, imitando a Correa, vete a periodistas o se enoje como hizo hoy con Freddy Paredes. Dependerá de que él se una a aquellos que quieren esclarecer lo que realmente ocurrió el 2 de abril. Y si todo está claro, si él ganó limpiamente en buena lid, pues a nadie le costará pasar de licenciado a Presidente.

Foto: El Universo

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