Sábado, marzo 25, 2017
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Correa trabaja para que Ecuador sea un polvorín

ECUADOR (O) |  Rafael Correa y Ricardo Patiño acaban de confesar, con los hechos, que los militares contribuyeron a trastocar la estrategia oficial para la primera vuelta. Cesar cuatro generales de la República, como represalia por el documento que firmó e hizo público el Consejo de Generales el 20F, muestra el alcance del cabreo correísta.

Por: José Hernández

Tomado de 4PELAGATOS.com (O)

Ese texto fue interpretado por los ciudadanos como un gesto de inquietud de los militares ante la demora del Consejo Nacional Electoral: temían, como lo dejaron consignado en el texto, que esa tensa espera pudiera desembocar en un enfrentamiento entre ecuatorianos. Ellos lanzaron la alerta pidiendo agilidad y transparencia al CNE en el procesamiento de actas.

Ahora se ven las consecuencias que tuvo ese comunicado en el gobierno y el CNE: puso en jaque movidas que –a juzgar por los mensajes de desesperación que emanaron del propio régimen– debían sellar el triunfo de Lenín Moreno. En claro, las vigilias de los ciudadanos deseosos de cuidar el voto ante el CNE fueron decisivas: suscitaron desazón en los cuarteles y eso llevó a los generales a redactar su documento. ¿Qué efectos tuvieron, en el gobierno y en el CNE, la gente en la calle y el documento militar? Correa y Patiño se han encargado de responder: devastadores. Frenaron un libreto en curso.

El presidente se cargó a cuatro generales del ejército y Patiño se empeña en desprestigiar la decisión del Consejo de Generales, haciéndola aparecer como “una reunión irregular”, desprovista de legitimidad. Patiño quiere hacer pensar que lo que se produjo el 20 de abril en Fuerzas Armadas no fue orgánico y desconoció, además, los reglamentos internos. Es la forma de legitimar la baja de los generales sin aludir a los disensiones de fondo que se han dado con los militares y que no solamente tienen que ver con el documento del 20F: luego hubo recriminaciones mutuas del Presidente y el general Castro, reclamos por la interrupción de la cadena de custodia, pedidos específicos para que esto no se repita el 2 de abril en la segunda vuelta… El poder correísta confiesa que el papel tradicional de los militares (custodios y garantes del proceso electoral) le estorba. No hay, entonces, un impasse pasajero. Se antoja un enfrentamiento estructural para neutralizar FF.AA. y crear condiciones de facto en la segunda vuelta. Por supuesto al hacerlo, el correísmo siembra el proceso electoral de dudas y lo convierte, tal y como están las cosas, en un verdadero polvorín.

La intención está a la vista: hacer creer que este proceso autoritario es naturalmente invencible y que solo puede serlo mediante un fraude (ficticio porque el CNE es propiedad suya). El correísmo usa una táctica, muy empleada en Venezuela y en los otros países del socialismo del siglo XXI: si no se puede quedar en el poder (con fraude, con oferta populista, con apoyo militar…), se declara víctima (de un complot internacional, de la derecha, de la prensa corrupta, del imperialismo, de todo junto, de lo que sea…). Pero antes de perder, como ocurrió en Argentina, hará todo lo imaginable, y también lo inimaginable, para quedarse en el poder: torturar el sentido común. Provocar a los militares. Irrespetar las reglas que votó a su favor. Duplicar la propaganda y mentir en forma desvergonzada. Convertir al presidente en un pirómano de tiempo completo. Incluso deslegitimar al propio CNE, como está sucediendo en este momento. Correa está empeñado en licuar la credibilidad que tenía ese ente entre sus electores. Es una movida política orquestada con Juan Pablo Pozo que es un hombre con una enorme voracidad política metido en el cuerpo de un militante leal. Él fue puesto por Correa a la cabeza de ese organismo (mediante una llamada telefónica desde la China).

Esta movida deja al CNE sin legitimidad prácticamente en el conjunto de la sociedad ecuatoriana. Es grave porque es el árbitro de la contienda y es más grave aún para la paz ciudadana. Pero Correa juega con eso y desacredita el proceso (así si pierde podrá decir que ya lo había advertido), en vez de velar por su imparcialidad y su transparencia.

Este panorama explica el ataque a los militares. Lo que busca el correísmo es dejar la elección sin custodio alguno. Tener un amigo del gobierno, como Tomislav Topic y su empresa Telconet, transmitiendo los datos; impedir que Participación Ciudadana dé a tiempo sus resultados, romper la cadena de custodia… muestra que la tentación de fraude existe en el gobierno a favor de Lenín Moreno. Si se suman las irregularidades que acaban de denunciar los militares, se llega a una conclusión: el correísmo brega, y bregará hasta el último minuto, para tener la segunda vuelta bajo su entero y discrecional control.

Perder el control es perder el poder. Y el correísmo nunca ha contemplado ese escenario.

Foto: Diario La Hora

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