Martes, diciembre 12, 2017
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Vuelve la sensatez

ECUADOR (O) | El flamante ministro Carlos Pérez García anuncia que se captará inversión privada para la búsqueda de petróleo, bajo la modalidad de contratos de participación.

Por: Walter Spurrier Baquerizo

Tomado de Diario EL UNIVERSO (O)

Los contratos de participación son la norma en la industria petrolera mundial. Si los precios suben, Estado y operadora ganan; si los precios caen, la operadora pierde pero el Estado igual gana, aunque menos. Bajo esa modalidad, con precios como los actuales, que están en el promedio de precios de los últimos cuarenta años (ajustados a la inflación), los estados y las petroleras han hecho buen negocio.

El gobierno anterior cambió estos contratos (también conocidos como de producción compartida) por contratos de servicios, en el cual el gobierno se queda con todo el beneficio del aumento de precios. A cambio, garantiza a las operadoras una rentabilidad menor pero fija.

A los precios actuales, el Estado pierde y las operadoras ganan igual que cuando el precio está alto. Pero como el Estado no tiene ingresos, no les paga a las petroleras: les debe por encima de USD2 mil millones; desconocemos el valor exacto. Como no reciben pago, las petroleras no invierten. En síntesis, todos pierden.

Errores como ese cambio de modalidad contractual se produce cuando el gobernante cree que tiene todas las respuestas, que es un genio, que los demás son mediocres, y no consulta a expertos, sino que se rodea de acólitos que lo colman de alabanzas a cambio de recibir un cargo.

Ahora Pérez García, jubilado de haber trabajado toda una vida con Halliburton, busca enderezar el rumbo, reactivar la búsqueda de nuevas reservas petroleras a través de inversión privada bajo contratos de participación.

También se buscará una empresa de servicios para incrementar la producción de Sacha, el campo más productivo.

El gobierno anterior tuvo la genialidad de contratar Sacha con PDVSA: darle de ganar a la empresa de Chávez a cambio de que ellos nos permitan invertir a saco roto en exploración de un campo en la faja del Orinoco. Nosotros metimos plata, PDVSA sacó plata. Y además fracasó en la operación Sacha, puesto que la otrora gran empresa estatal venezolana está hoy manejada por funcionarios con credenciales ideológicas y no técnicas.

La sensatez también entra en la Refinería del Pacífico. Luego de haber botado USD1.300 millones en estudios, el relleno de El Aromo y obras complementarias, en gran parte y de manera muy lucrativa (para algunos) con Odebrecht, hay que hacer algo para rescatar parte de lo gastado.

Construir una refinería ahí no es mala cosa. Ya hace casi cuarenta años Jaime Roldós propuso construir una refinería en Atahualpa, cerca de Ancón. Pero lo errado es que el gobierno anterior quería erigir un elefante blanco, con capacidad de procesar más crudo del que tenemos, contratando la obra a dedo, endeudándose en más de USD15 mil millones, y meterse en el negocio internacional de combustibles.

El ministro plantea abrir un concurso para que la refinería se haga con inversión extranjera directa, no deuda pública, y de un tamaño más discreto, que permita suplir el mercado local y exportar el excedente de combustible, hasta que crezca el mercado interno y lo requiera.

Por fin el Estado recupera sus sentidos.

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