Martes, noviembre 21, 2017
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Una hacienda tradicional se transmutó en hostería

LATACUNGA RURAL (I) | El amplio espacio para camping, una capilla donde se exhibe la cruz de Cristo, los estrechos pasillos con arcos de medio punto y las paredes anchas son la carta de presentación de la Hostería San Joaquín, ubicada en la entrada al Parque Nacional Cotopaxi.

Por: Modesto Moreta

Tomado de Diario EL COMERCIO (I)

Latacunga (Cotopaxi). Un letrero con letras de color verde atrae a los turistas que llegan al volcán que se reactivó en mayo del 2015 y que actualmente se muestra tranquilo, según los técnicos del Instituto Geofísico (IG). La casa de hacienda, construida hace más de 70 años, adiciona una extensión de 12 hectáreas de pastos, sembradíos y un bosque de eucalipto.

La casona antigua, con zócalos de piedra tallada, tiene nueve habitaciones para 27 personas. En la planta baja están las áreas de cocina, comedor, sala, chimenea y sala de Internet.

Estos espacios están decorados con cosas antiguas como reverberos y bombas de fumigar en lujosas lámparas. También hay vasijas y pondos de barro que representan a varias culturas antiguas. Hay pailas de bronce de todo tamaño. La casa posee muebles con más de 100 años de historia.

Las artesanías también forman parte de la experiencia visual que la hostería busca ofrecer a sus huéspedes.

La construcción de dos plantas tiene una perfecta combinación de la madera de capulí. Esta resalta en los dinteles o umbrales de acceso a cada uno de los espacios, donde también resaltan las ventanas.

Una de las características de esta casa de hacienda es que se utilizaron materiales andinos en su construcción.

Las vigas gruesas de eucalipto están a la vista. Las ventanas son pequeñas y los marcos con 30 y 36 celdas cubiertas con vidrio. Alicia Fernández, gerenta de San Joaquín, cuenta que su padre Héctor la adquirió hace más de 40 años. La hacienda fue de Guillermo Tobar, un ganadero y productor de la zona.

Fernández realizó algunas adecuaciones, puesto que cada uno de los espacios tenía una puerta. “Se presume que en la hacienda los trabajadores se dedicaban a la producción de trigo, cebada y otros granos, pues encontramos la estructura de un molino instalado. Es probable que otra zona haya sido usada como bodega para almacenar la cosecha. Además, en otra área funcionaba la cocina a leña”.

Hace cuatro años esta casona de la serranía andina, ubicada a 3 500 metros sobre el nivel del mar, se convirtió en un sitio de hospedaje para los viajeros y andinistas que buscan aventura y ascender al volcán Cotopaxi. Alicia cuenta que es un lugar de adaptación para los andinistas antes de subir a la cumbre del coloso.

“Sin embargo, en los últimos dos años, tras la reactivación y la mala información que erupcionaba el Cotopaxi, la gente dejo de venir, pese a que se abrió el Parque Nacional Cotopaxi , aún no reanudan las escaladas a la cumbre. Eso atraería a los turistas de Estados Unidos, Francia y otros países”, dice preocupada.

Su hermano Wladimir cuenta que la edificación es sencilla, pues la fachada es rectangular.

Los estancias y las habitaciones son bien distribuidas.

En el interior hay una perfecta combinación de los materiales andinos tradicionales de la Sierra.

Los techos son de teja tradicional y los zócalos de piedra unida con calicanto. El acceso a la segunda planta está equipado con unas gradas que tienen una inclinación de 15 centímetros. Eso da la sensación de caer para atrás. En las habitaciones también figura la decoración antigua. Los habitantes de las comunidades cercanas ofrecen cabalgatas por los campos de la hacienda, visitas a los bosques y la experiencia de compartir las actividades diarias de los campesinos.

Entre los planes está en espera rehabilitar los espacios recreativos para ampliar la oferta de servicios para los turistas.

También se realizan paseos en bicicletas prestadas por el albergue. Wladimir asegura que hay leyendas sobre la cruz de la pasión de Cristo que está en la pequeña capilla localizada en el ingreso de la posada. Dice que en varias ocasiones fue sustraída, pero nuevamente es devuelta al mismo lugar por quienes se la llevan.

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