Domingo, octubre 22, 2017
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Presidente Borja: ¿su retiro incluye olvidarse del país?

ECUADOR (O) | Presidente,

León Roldós le escribió para demandarle un “pronunciamiento en la hora que vivimos”. Los pelagatos no le pedirán nada pero estamos en la obligación de analizar su posición, su raciocinio, su actitud “en la hora que vivimos”.

Por: José Hernández

Tomado de 4PELAGATOS.com (O)

Usted dice que lleva “15 años de retiro irreversible de la vida pública”. ¿Quiere usted decir que retirarse de la vida pública equivale a desentenderse del destino del país? ¿Quiere usted decir que no hay “momentos del destino de una nación”, como decía su amigo François Mitterrand, “horas esenciales de ese destino” que hay que saber aprehender?

Usted dice que desde hace 15 años se retiró de la vida pública. Eso significa que usted nada tiene que ver con lo que ha sucedido en esta década. ¿Así de tajante? ¿Nunca le pareció que Rafael Correa era ese político que usted deseó tener en la Izquierda Democrática en esos años? ¿No influyó usted, en 2006, a su favor, en esos círculos pequeños pero políticamente determinantes?

Y luego están estos diez años, Presidente. Una década en la cual para un estadista y un estudioso como usted, debió resultar evidente que el país tomaba una senda nada conforme con sus convicciones republicanas, democráticas y progresistas. Un régimen presidencialista que acumuló y concentró el poder en forma total. ¿Cómo llama usted aquello en su diccionario? Un poder que pisoteó a los ciudadanos, criminalizó las diferencias, sometió la justicia y judicializó la política. Un poder que maltrató a los más pobres, a los luchadores sociales, a los pueblos indígenas que –gracias a su lucha pero también a la sensatez suya– se erigieron en su gobierno en sujetos políticos en un país que los desconocía.

Hay cosas que decir con el respeto y la consideración que usted merece, pero hay que decirlas: ¿Nada en estos diez años lo ha llevado a pensar que, como ex presidente, debía salir de su silencio? ¿Nada? ¿Fue más fuerte su promesa de retirarse que sus convicciones? ¿Más pudo su deseo de dedicarse a lo suyo que las violaciones sistemáticas del gobierno contra la democracia, los derechos humanos y la propia Constitución? Usted que respetó la libertad de expresión, ¿le pareció normal que el país entrara en esa zona oscura donde solo hay cabida para un discurso; el discurso del poder autoritario? ¿Entiende usted que su posición y su actitud resulten incomprensibles para aquellos que lo consideran un referente, un digno exponente de uno de los mejores gobiernos que ha tenido la República?

No solo es incomprensible.  Es agobiante. Muchos en estos diez años se han preguntado de qué hablaba usted en las numerosas conferencias que dicta en el exterior. ¿De teoría política? ¿De su gobierno que, tras 25 años, ya es historia? ¿En ninguno de esos foros evocó usted, Presidente, lo que ocurre en el país? ¿Se distanció tanto de la realidad que viven sus conciudadanos que terminó por desdeñarla? ¿Sabía usted, no obstante, que la gente endosó su silencio a causas familiares que, en el fondo, no lo concernían. Por ejemplo, que su hermano, Francisco Borja, sea embajador de este gobierno. Primero lo fue en Santiago y ahora lo es en Washington. Posiblemente esto sea injusto con usted, pero no todos, ante las horas aciagas que ha vivido la República, se resignaron ante su sigilo.

Otros hechos tendieron a probar que su retiro de la vida pública era bastante selectivo. Sus amigos, viejos militantes y menos viejos, tienen presente sus criterios. Usted volvió a las calles para recoger firmas y reactivar su partido. Usted ha estado, sigue estando en reuniones, formales e informales, donde los dirigentes de la Izquierda Democrática toman decisiones. ¿No estuvo usted presente el día que la dirección de la Izquierda Democrática decidió no escoger, “en la hora que vivimos” entre lo que llamaron el cáncer y el sida? ¿Se hace usted cargo de esos términos para calificar el dilema ante el cual se encuentra el país?

¿Su silencio también se extiende a lo que hacen sus partidarios, aquellos que hoy tienen de nuevo un partido gracias a las firmas que usted contribuyó a recoger? ¿Cree usted lícito, como dice Wilma Andrade, que sus familiares cercanos tengan contratos por casi un millón de dólares con este Estado, cooptado por este gobierno, mientras ella dirige el partido que usted ayudó a resucitar?

Como usted ve los pelagatos no se resignan ante la posibilidad de que un ex Presidente no sirva para nada. Sobre todo, cuando en el ejercicio del poder ha demostrado, como fue su caso, apego a convicciones y valores republicanos y democráticos. A esos valores a los que  gran parte del país quiere, en primera instancia, volver.

Con el respeto de siempre, Presidente.

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