Domingo, mayo 28, 2017
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Mario Soria es el ADN artístico de su familia y de muchos más

LATACUNGA RURAL (F) | Los hijos de este integrante de Los 4 del Altiplano ya son artistas. Sandy canta en el grupo Nativa y baila en el ballet Sumag. Y Dany y Renato son músicos y cantantes tanto individuales como en el grupo folclórico Proyección Altiplano. Ya llevan el germen que heredaron de este cotopaxense de 60 años de edad y tanto él como ellos se sienten orgullosos de esa prolongación. Pero los tres hermanos quisieron ir más lejos y le dieron una sorpresa a su padre la noche en que le homenajearon por sus 50 años de trayectoria artística. Le entregaron en sus brazos a su único nieto, Julián Soria Vizcaíno, vestido con la misma camisa que usa su abuelo para las presentaciones en los escenarios. Los padres del niño lo presentaron ante Mario como la promesa “de la continuidad del arte”. Es su tercera generación; en 1978 se casó con Jeannette del Carmen Chisaguano.

Por: Redacción Cotopaxinoticias.com (F)

Quito (Pichincha). Este latacungueño, oriundo del barrio Goteras Yánez, de Tanicuchí, no solo ha sido el gestor cultural de sus hijos, sino de decenas de niños, jóvenes y adultos. Y no solo adquirió el arte de cantar y de hacer música, sino que de joven también dibujaba y moldeaba el barro en artesanías, según contó su primo, Fabián Zapata. Además, se ha destacado en el deporte como arquero en el fútbol y jugador de pelota de tabla. Ha enseñado tanto desde su ejemplo de vida como desde la docencia.

Por ello, el Trío Colonial, Margarita Lasso, Santiago Erráez, Anthony Fabián, Gustavo Velásquez, Marcelo Sánchez y su conjunto, el Ballet Nacional Jacchigua, el Ballet Sumag, Diego Miño (baterista de Chaucha Kings y Tomback), David Játiva (compañero de Los 4 del Altiplano), entre otros talentos nacionales de renombre internacional, se presentaron la noche del 17 de febrero de 2017 en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), en Quito, para festejar sus bodas de oro. Estuvieron también personas vinculadas a la juventud y a los orígenes de Mario Soria. Lo acompañó el alcalde de Latacunga, Patricio Sánchez. El homenaje fue preparado por sus hijos.

El teatro se llenó. Regía la Ley Seca por las elecciones del domingo, pero no hizo falta licor. La fiesta se encendió y se llenó de nostalgia, bohemia y camaradería. Estudiantes de la unidad educativa Johann Strauss, de Quito, le rindieron honores con redobles de tambor y el toque de silencio de trompeta. En ese plantel, Mario formó a la banda de paz. A su turno, el homenajeado agradeció también al colegio Emilio Uzcátegui, donde da clases de música.

Cantó su hijo Dany. El ballet de Sandy, Sumag, musicalizó su coreografía con la canción “Simiruco” de Los 4 del Altiplano. Los maestros de ceremonia recordaron la memoria del ambateño Fernando Mariño, quien falleció hace unos meses y que desde sus programas de radio impulsó la carrera artística de Mario Soria y luego también la de su grupo. En su primer saludo, el homenajeado agradeció la presencia esa noche del profesor Alberto Yánez, a quien lo mira “como a un padre”.

El rostro de Mario Soria Zapata, su nombre y el número 50 resaltaban delante del volcán Cotopaxi en una pancarta al fondo del escenario.

Allí apareció Margarita Lasso para resaltar el sonido de la música del homenajeado “en la montaña” y la pasión de su colega de “cantar con el corazón”. Sonó la canción ‘El cabañal’. Y Le dedicó la canción ‘Manungo’, en alusión a las serenatas dadas por el latacungueño durante su carrera. Y cantó el sanjuanito ‘Guambrita querida’, que recuerda que “bailando se alegra la vida”. Y a Mario lo sacó ese rato a bailar una alumna del Johann Strauss. Era el homenajeado, era noche para alegrarlo.

Salió al escenario ‘Anthony Fabián’, Fabián Zapata, coterráneo y primo de Mario. Antes, en el camerino, resaltó que el ahora homenajeado fue quien le inspiró dedicarse a este arte. Y asomaron más coterráneos. Rafael Camino, oriundo de Poaló y director de Jacchigua, presentó a sus bailarines y resaltó que Soria ha contribuido a rescatar el arte popular.

Fue cuando Mario se sacó la chaqueta para vestir la camisa de la indumentaria de Los 4 del Altiplano que apareció su nieto vestido igual, con el mismo color que le encanta a su abuelo, el azul “del agua”. El atuendo del pequeño fue elaborado por los artesanos latacungueños Dora Bedón y Víctor Freire.

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En la entrega de presentes, la Asociación de Artistas Profesionales de Pichincha resaltó “el legado que Mario Soria deja a las futuras generaciones” y el hecho de que “hablar de Los 4 del Altiplano es hablar de la historia de los pueblos, de los instrumentos que se han perfeccionado con el tiempo”.

Y los discursos hacían más revelaciones, datos para la mayoría desconocidos. El latacungueño Gonzalo Banda, dueño de Ñucanchi (Nuestra) Peña en Quito, ubicada cerca de la Universidad Central, recordó que en esa ‘casa’ de acogida de los artistas chagras empezó a popularizarse el ahora homenajeado. Empezó como solista, como Mario Germán.

“Mario Germán, el popular toro de la Ñucanchi Peña”, comentó Banda. Y fue Soria quien bautizó a ese sitio como “la universidad de los artistas ecuatorianos”.

Y llegaron los toacasenses y tanicuchenses residentes en Quito. El tanicuchense Ramiro Reinoso fue quien reseñó que Mario Soria nació el 20 de mayo de 1957 en “Tanicuchisito lindo, la sucursal del cielo” y que fueron los profesores de la escuela Batalla de Panupali quienes se dieron cuenta de la extraordinaria voz que aquel niño tenía. Y enseguida se comunicó que Manolo Escobar, periodista tanicuchense, especializado en música nacional, lo mandaba a saludar a la distancia.

Ante tanta evidencia, Mario lo reconoció y terminó de contar la historia. Narró que empezó a cantar desde alrededor de los ocho años en las “horas sociales” de la escuela y que cuando empezó a estudiar en el colegio indigenista San José de Guaytacama aprendió a dominar los instrumentos de viento como el pingullo, la flauta, el rondador y otros. Allí integró su primer grupo. Para entonces, él y su hermano Raúl cantaban cada quien por su lado.

Finalmente hubo un acuerdo. Mario fue la segunda voz de Raúl y juntos conformaron el Dúo de los Hermanos Soria. Luego, más jóvenes se unieron a la pasión por la música y el canto y decidieron conformar un grupo. La idea surgió hace 38 años en la plaza de Goteras mientras se jugaba un partido de pelota nacional (de tabla), deporte tradicional en esa comunidad.

Los adultos decidieron apoyarlos y recogieron una cuota para que los jóvenes se compren el bombo y otros instrumentos. Ya tenían guitarra, les había prestado Carlos Bustamente, de Lasso.

Había que buscar nombre. ‘Añoranzas’ y ‘Sentimiento Andino’ fueron algunas de las propuestas. Mario era amante de la música y cultura bolivianas, por ello, propuso que el grupo se llame Altiplano. Así se acordó y fue él mismo, gracias a sus habilidades para el dibujo, quien elaboró el logotipo y lo imprimió.

Algunos años después, el nombre cambió a Los 4 del Altiplano. Actualmente, Rafael Soria también es parte de ese conjunto. Mario es el mayor de los tres hermanos que integran el grupo junto a otras personas.

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