Sábado, noviembre 18, 2017
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Los que predijeron un tongo tenían la boca llena de razón

ECUADOR (O) | Los que se aventuraron a decir que en la votación de la Asamblea para autorizar que la Corte Nacional inicie el juicio a Jorge Glas se iba a desnudar un tongo para favorecer al Vicepresidente deben estar jactándose por haber acertado.  Y de haber acertado, siniestramente, en casi todo.

Por: Martín Pallares

Tomado de 4 pelagatos (O)

En efecto, en la sesión del viernes se pudo ver que todo estuvo diseñado para beneficiar, en la medida de lo posible, a un Jorge Glas que a estas alturas ya está condenado a ser enjuiciado por la cantidad de evidencias que han salido en su contra y por la enorme presión social que exige un proceso judicial.   Si el pedido del juez Miguel Jurado Fabara se fundamenta en la acusación de asociación ilícita, el menor de los posibles delitos cometidos por Glas, la mayoría de Alianza País hizo todo lo que tenía que hacer, y vaya que lo hizo bien, para que si se lo enjuicia sea exclusivamente por ese motivo y por ningún otro.  Si el juez llega a decidir, en algún momento, que hay méritos para reformular los cargos y enjuiciar a Glas por lavado de activos, concusión, cohecho o por peculado, tendrá que volver a pedir autorización a la Asamblea. Y eso, se sabe, no va a ocurrir. Así, si Glas es condenado lo será con la sanción más benigna de todas las posibles.

Pero la mejor demostración de que los que pronosticaron el tongo estaban en lo correcto fue la forma en que se desarrolló la sesión del viernes 25 y que se resume en el hecho, inédito, de que la moción ideada por los defensores de Glas se la votó sin debate.  En efecto, la fórmula que Alianza País había diseñado para que el inevitable juicio a Glas sea lo menos traumático y perjudicial para él fue (Chapulín Colorado dixit) fríamente calculada.

La sesión inició bajo la dirección de Viviana Bonilla, primera vicepresidenta de la Asamblea, porque el presidente José Serrano iba a ser el encargado de presentar la moción. Básicamente, la autorización que aprobaron los compañeros y aliados de Glas, se circunscribía cuidadosamente a la posibilidad de que Glas sea procesado únicamente por asociación ilícita, coincidiendo con el pedido del juez Jurado Fabara, quien también había hecho cuidado de mencionar únicamente a ese supuesto delito en su pedido a la Asamblea.  ¿Pero cómo qué se podía haber hecho para abrir la posibilidad de que a lo largo del juicio se reformulen los cargos en contra de Glas y se lo juzgue por temas más graves?  Sencillo: en la moción que tenía redactada el diputado Luis Fernando Torres y que no tuvo siquiera la ocasión de que se la presente, se decía claramente que la autorización incluía la posibilidad de que el juez pueda reformular los cargos, lo que significaba que si a lo largo del proceso aparecían evidencias de otro tipo penal mucho más grave que la simple asociación ilícita, como el peculado por ejemplo, el juez podía hacerlo sin necesidad de una nueva consulta a la asamblea.

La estrategia de Alianza País para ayudar a Glas incluía, además, una fórmula para que aparezca como si toda la Asamblea, incluida la oposición, hubiera estado plenamente de acuerdo con lo ocurrido. Si la oposición se negaba a votar por la moción de Serrano había el riesgo de que ésta no sea aprobada y que Glas quede libre, ahí sí por completo, de cualquier juicio.

¡Bingo! No era de extrañarse que los locutores del sistema de comunicación de la Asamblea hicieran  tanto énfasis en la palabra “unanimidad”. Hasta los detalles parecían demostrar la organización perfecta e impecable de la menos mala de las fórmulas para Glas. A esto habría que agregarle, además, que todo lo que hizo Alianza País parecía alinearse perfectamente con el pedido del propio Glas a su bancada de que autoricen su enjuiciamiento.

Aunque es imposible de asegurar que también estaba incluido en la estrategia, el bloque de Alianza País tuvo otro aliado para su estrategema: la opinión pública estaba enfocada el viernes principalmente en el problema de la transportación pública en Quito. Fue tan instrumental el timing del paro que no faltó algún escéptico usuario de redes sociales que lanzó la hipótesis de que éste fue planificado pensando en bajarle la atención al tratamiento del tema de Glas en la Asamblea.

Lo que hizo Alianza País sin duda recuerda a los más oscuros manejos y piruetas que el Congreso Nacional hacía durante las borrascosas y escandalosas sesiones de los años 90.  El argumento de que no era necesario debatir la moción, como dijo José Serrano en su rueda de prensa, es un insulto a la inteligencia. Si él encargó la Presidencia de la Asamblea a Viviana Bonilla fue precisamente porque estaba participando en un debate. Es decir ¿si no era necesario el debate para qué bajó a las curules para debatir?

La desfachatez de Alianza País también tiene su vertiente reglamentaria. Según la Ley Orgánica de la Asamblea cuando el Presidente encarga la Presidencia es para participar en un debate.  El artículo 139 de la Ley Orgánica establece claramente que si el Presidente de la Asamblea desea presentar una moción, como fue el caso de Serrano, “deberá encargar la Presidencia a los vicepresidentes, en su orden…”. Además, el artículo 133 de esa misma ley dice que el Presidente solo tiene facultad para “dar por terminado el debate” pero no para negar la posibilidad de que se produzca.

Independientemente del tema reglamentario, el que no se permita que una moción sea debatida es un contrasentido con los más mínimos estándares democráticos y de ética pública.  ¿Qué pasaba si había alguna observación de fondo o de forma a la moción? ¿Qué, si alguien consideraba que debía incluirse o eliminarse una parte, una frase, una coma o un punto del texto presentado? Además, Serrano sí pudo hacer una disertación a favor de su moción, que dicho sea de paso fue una desprolija y aburrida pieza de propaganda de la revolución ciudadana. ¿Por qué ese derecho de intervenir que ejerció Serrano fue conculcado a los otros asambleístas?

Fue tan evidente que lo que ocurrió fue un tongo, que el propio Serrano en su intervención se refirió a quienes habían pronosticado que iba a ocurrir.  “Basta de hablar de tongo. Que los que hablan de eso se vayan a Manabí y se coman una tonga”, dijo en un alarde de pésimo sentido de humor.

El éxito de Alianza País, sin embargo, puede ser pírrico.  Si bien se logró mantener al bloque unido y que el juicio se produzca en las condiciones más beneficiosas posibles para Glas, en cambio pone una vez más en riesgo su ya exangüe capital político.  La presión social que existe para que se produzca un juicio al Vicepresidente y el rechazo colectivo que existe al pasado de corrupción, abuso de poder e impunidad, tarde o temprano le pasará factura al equipo de avispados asambleístas comandados por Serrano. El mismo razonamiento se le puede aplicar a la Fiscalía y al sistema de justicia. ¿Hasta dónde van a permitir que llegue la indignación colectiva? Lo que ocurrió en la Asamblea solo parece que va a ayudar al desmoronamiento del poder que, por ahora, ejerce Alianza País en ese espacio.

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