Jueves, septiembre 21, 2017
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Los dos tornados que amenazan a Moreno

ECUADOR (O) | Los problemas de Lenín Moreno se llaman base social y base política. Su realidad está en las cifras: Alianza País le aportó para su elección un 30% de votos, llamados duros, de los cuales Rafael Correa se considera propietario. Moreno, por su estilo y su capital político, llegó a lo que el Consejo Nacional Electoral dijo que obtuvo en las urnas: 51%. A partir del 24 de Mayo, el nuevo Presidente ha hecho méritos que lo sitúan con alrededor del 70% de popularidad en los sondeos. Ese porcentaje puede crecer si realmente hace la cirugía que anunció contra la corrupción y que, por ahora, se centra esencialmente en el caso de Jorge Glas.

Por: José Hernández

Tomado de 4PELAGATOS.com (O)

Pero 70% de popularidad es una realidad política volátil y su entorno lo sabe. Puede mermar, o incluso esfumarse, apenas empiecen a ventilarse los temas de fondo. El gran temor que se expresa es que el gobierno se encuentre atrapado entre dos tornados. Por un lado, el correísmo duro –cuyo porcentaje a ciencia cierta nadie sabe en este momento– y, por otro, una calentura social y política de actores que, tras 10 años de correísmo, quieren ver atendidas inmediatamente sus reivindicaciones.

El primer tornado ya está en plena actividad. Rafael Correa no para en su cuenta de Twitter. Su blanco principal es Lenín Moreno y su círculo más cercano. Correa los trata de traidores, mentirosos, desleales, odiadores, mediocres… Sus seguidores piden que se tiendan puentes entre Moreno y Glas, pero para Correa esa ruptura es irreversible. Es obvio. No puede hacer política sin tener un enemigo. O sin crearlo. Ahora endosa a Moreno los mismos epítetos y las mismas acusaciones que usó contra opositores y críticos en su gobierno.

De una u otra forma le ha dicho agente o cómplice de la partidocracia, traidor de la Revolución Ciudadana y de la Patria; lo ha acusado de pactar con Bucaram, de generar una estructura institucional favorable a la corrupción, de repartir el Estado, de tirar por la borda diez años de estabilidad y prosperidad… En definitiva, Correa trabaja con denuedo para anclar un relato que, como hizo con la oposición, lo situé del lado bueno de la historia y convierta a Moreno en la reencarnación de lo peor. Ahora Glas es revolucionario y Miguel Carvajal es reaccionario. Con esa estrategia, el ex presidente busca ocupar, en el imaginario social, el primer puesto entre los opositores a Lenín Moreno. En esa tarea usa su cuenta de Twitter, pero su empeño mayor está puesto en mantener el control de Alianza País y dirigirlo contra su sucesor. En sus tuits lo ha llamado a reaccionar.

El segundo tornado que se teme en el entorno de Moreno no aparece todavía. Pero se centra en los actores sociales y los gremios económicos que ya enumeran sus reivindicaciones y dan muestras, en casos, de querer maximizarlas. Si eso llegase a ocurrir, los dos tornados podrían juntarse y nadie duda de que ese caos favorecería, en primera instancia, a Rafael Correa.

Dicho de otra manera: el gobierno de Moreno está en una carrera contra el tiempo en la cual tiene que unir a su favor, casi al mismo tiempo, piezas que aún no controla:

1. La lucha contra la corrupción que convirtió en su bandera y que es, en su gobierno, línea divisoria entre sus partidarios y los de Correa. Tiene que mostrar resultados contundentes.

2. El control del partido: Moreno tiene que convencer a la militancia de que habrá cambios pero que, en forma alguna, su programa es aplicar el de Guillermo Lasso. Y tiene que definir ese programa ante la sociedad.

3. La presentación de un plan económico en el cual conjugue políticas sociales y pragmatismo.

4. El tránsito del autoritarismo a la democracia que, por supuesto, es el tema de fondo. Pero en este punto no parece tener armado un relato conceptual y político susceptible de competir con la propaganda que Correa destiló, entre los suyos y ante el electorado, durante diez años. Relato que reitera desde Bélgica y que su coro replica.

5. Definir una mayoría política en la Asamblea o recurrir ante los electores para zanjar institucionalmente las reformas que marcarán a su gobierno.

Moreno, si sus intenciones de reinstalar la democracia en el país son sinceras, luce atrasado. No ha hecho nada para devolver los derechos conculcados a la sociedad en el esperpéntico decreto 16. Y no hay cómo volver a la democracia sin el concurso de una sociedad activa, deliberativa y participativa. No sumisa; ni secuestrada. Tampoco ha propuesto acuerdos en los capítulos prioritarios que su gobierno debe administrar y que, grosso modo, son dos: el retorno a la democracia y la recuperación de la economía y su desarrollo sobre bases sustentables.

Para volver a la democracia, Moreno cuenta con electores suyos y de la oposición. Pero nadie sabe concretamente cuál es su derrotero y cuáles son las reformas institucionales que piensa impulsar para impedir el retorno del autoritarismo. En el tema económico, no ha dicho cuáles son las líneas fundamentales de su plan económico, a qué dieta someterá al Estado y cómo hará factible que el sector privado se convierta en motor de la actividad económica. Moreno no anuncia definiciones. Y sin ellas, no puede aspirar a resolver sus dos problemas evocados: cómo incrementar su base social y cómo articular su capital político para evitar la calentura social y encarar la desestabilización proveniente de Correa, Glas y el núcleo duro del correísmo. Moreno sigue en las pequeñas frases y ahora el tiempo sí corre contra él.

Foto: Presidencia de la República

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