Martes, noviembre 21, 2017
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‘La verdad de la milanesa’

ECUADOR (O) | La reciente destitución del general Luis Castro, excomandante general del Ejército, en medio de las graves denuncias que formuló respecto de que los militares no tuvieron completa custodia del proceso electoral, así como la elemental insinuación que formuló al ministro de Defensa en el sentido de que como tal “no debía atreverse a poner en su cuenta personal de Twitter resultados electorales” antes de la hora fijada para el cierre del proceso de elecciones, vuelve a plantear los marcados y serios desencuentros entre el actual régimen y las FF. AA., originados por una diversidad de factores, entre los cuales debe destacarse la incapacidad que tuvo el régimen de convertir a las FF. AA. en factor sumiso en el proyecto de hegemonía política.

Por: Alfonso Oramas Gross

Tomado de Diario EL UNIVERSO (O)

No es la primera vez que se analiza dicha situación, en contraposición de lo que ocurre en Venezuela, en donde el tránsito a un virtual Estado fallido marcha al ritmo de la corrupta, obsecuente y nefasta comunión del aparato militar con los intereses más torcidos de ese mamotreto llamado revolución bolivariana. Revisando la historia, se puede comprobar la forma cómo Hugo Chávez tuvo siempre claro que su proceso absolutista solo podía darse con la bendición de unas Fuerzas Armadas poco altivas, para cuyo efecto no dudó en establecer un progresivo y taimado discurso ideológico, con numerosas purgas y relevos de los altos mandos; en otras palabras, militar que no servía al proyecto chavista era inmediatamente marcado, separado y sancionado, sin dejar de alardear que las Fuerzas Armadas de dicho país (según el criterio de Chávez) eran “profundamente revolucionarias, antiimperialistas, socialistas y populares”.

Señalaba que por ciertos factores y razones, cuya lectura debería ser de interés para analistas especializados en el tema, las Fuerzas Armadas de nuestro país no se dejaron agitar por la desviación ideológica, por la lealtad total al proyecto político o por la conformidad radical ante las opiniones presidenciales. Respecto del reciente proceso electoral, existe una impresión generalizada de que las Fuerzas Armadas ocuparon un papel prudente –pero no vacilante– respecto de ciertas situaciones que hubiesen podido modificar la voluntad popular, evitando de esa forma que se vulnere el espíritu democrático que supuestamente debía regir el proceso. El presidente de la República aseguró en días pasados que “los árbitros de la democracia no son los militares, sino que son los ecuatorianos…”, “entonces, que se ubiquen un poco”. ¿Es en serio aquello, podríamos haber los ecuatorianos confiado de forma ciega, tierna, candorosa y emotiva en las instituciones electorales, cuando en su lugar existía una sensación de impotencia ante lo que eventualmente podía estar ocurriendo tras bastidores?

Aquí “la verdad de la milanesa”, en alusión a la popular frase de hace algunas décadas, es que las Fuerzas Armadas de nuestro país no se dejaron convertir en marionetas de un proceso político, que en otras circunstancias las hubiese utilizado para solapar cualquier intento de burla a la voluntad popular. El desafío sigue vigente en relación con las elecciones del domingo 2 de abril, no hay que desmayar, hay que permanecer vigilantes. La tentación es grande.

Ilustración: Caricatura de Bonil publicada en Diario El Universo el sábado 11 de marzo de 2017

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