Lunes, octubre 16, 2017
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La mafia

ECUADOR (O) | Aunque un poco tarde, el presidente Moreno ha tomado conciencia de que buena parte de quienes nos gobernaron hasta hace poco constituyeron, y constituyen, una mafia. Debe recordarse que las mafias tienen dos características. Ellas delinquen de forma organizada, bajo similares parámetros de racionalidad que los de una empresa, y sus integrantes se encubren entre ellos hasta más no poder.

Por: Hernán Pérez Loose

Tomado de Diario EL UNIVERSO (O)

Eso es precisamente lo que los ecuatorianos están descubriendo del régimen anterior. Una pandilla de asaltantes de los fondos públicos que operaba como una máquina bien engrasada, guiada por un individuo que concentró todos los poderes públicos y cuya vanidad es solo comprable con su mediocridad. Una maquinaria asentada sobre una Constitución que introdujo instituciones, figuras jurídicas que ahora se comprende no tenían otra finalidad que facilitar la concentración de poder y con ello la corrupción más descarada.

Un ejemplo entre tantos de cómo operaba esta mafia fue la reelección del contralor. Como la ley prohibía que él fuera reelecto, la Corte Constitucional y el Consejo de Participación Ciudadana –dos fichas claves de la dictadura– actuando sincrónicamente se encargaron de eliminar esa prohibición por dizque ser inconstitucional a pedido de un tercero desconocido; luego le dieron efecto retroactivo a esa resolución para así legalizar la participación en el concurso del candidato favorito, y todo ello a la velocidad del rayo. Y después el señor obtuvo nada menos que 95 sobre 100 en el concurso. El “mejor” contralor de la historia ecuatoriana. Tan bueno que recibía las coimas solo al contado. Y como esta, hay cientos de historias similares. (Y esperen que salga lo de la comercialización del petróleo…). Todo esto gracias a un andamiaje jurídico que le permitió darle a una dictadura la fachada de democracia y a una mafia el disfraz de revolucionaria.

Y mientras los fondos públicos eran saqueados, muchísimos ecuatorianos –los tontos de la película– pagaban rigurosamente sus impuestos. ¿Para qué sirvió eso si buena parte fue a parar a los bolsillos de los tíos, amantes, secretarias, o a las cisternas de estos señores? El daño que esta mafia le ha infligido a la ética pública del Ecuador, a sus nuevas generaciones, es inconmensurable. Hasta copiar tesis de grado terminó siendo aceptado como normal.

Algunos sectores andan embelesados por lo que viene haciendo el presidente Moreno. No caen en cuenta que lo que él ha hecho era su obligación hacerlo –y aún está por verse hasta dónde llega– y que es poco en comparación con la persecución y sufrimiento que han tenido que soportar quienes osaron enfrentar a la mafia. No debe olvidarse que, por muy satisfactorio que sea ver que se haga justicia en el caso del vicepresidente, este capítulo no debe ser el final, sino el comienzo. El comienzo de una larga lucha por implantar en el Ecuador un sistema de gobierno democrático y transparente. Debe recordarse que, más allá del espectáculo que estamos asistiendo del desbande de una mafia acorralada, la maquinaria de corrupción y abuso del poder sigue intacta.

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