Lunes, diciembre 11, 2017
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La historia del rock la plasma Igor Icaza en su texto Resplandor

ECUADOR (E) | El músico latacungueño Igor Icaza ha producido una obra que articula la historia del rock ecuatoriano y que se resume en el libro Resplandor, que presentará en la sala Carlota Jaramillo, de la Feria Internacional del Libro de Quito, a las 19:00.

Tomado de Diario EL TELÉGRAFO (E)

Quito (Pichincha). Los grupos Obertura, Ente, Sal y Mileto, Funda Mental o el que encabeza como solista acompañan la antología discográfica de Icaza, junto con un compendio de las letras que ha escrito y comentarios de varios personajes de la cultura, como los músicos Jaime Guevara y Edgar Castellanos Molina o la poeta María Auxiliadora Balladares, que acompañará al baterista en la presentación del libro.

“La letra de ‘Resplandor’ –cuenta Icaza refiriéndose al tema de Sal y Mileto en el capítulo que tituló Anekdotarium– narra la experiencia en la que estuve muerto por casi dos minutos en la hacienda Betania, sector de Locoa, a las afueras de Latacunga en el año 1995”. La fotógrafa Nena Salazar había sido invitada a participar en el Primer Salón del Desnudo del Ecuador e invitó al músico como uno de sus tres modelos. “Al inicio me negué, pero luego de reflexionar sobre el prejuicio que vivimos sobre nuestros cuerpos, vencí al pudor y acepté”. La aventura terminó con la visita a un granero, donde “la gran viga que lo atravesaba me llamó la atención; pedí una fotografía especial. Ingenuamente quería salir colgado pero todo se salió de nuestras manos…”.

Sobre la exploración más extrema de Icaza en la música, Javier Calvopiña explica que “(Ente) despliega un sonido potente con letras concisas, de pocas líneas, pero llenas de significado, que exploran conceptos profundos como el ser y la existencia”.

Para Balladares, Viento, de Igor Icaza y Florencia Luna, es el perfecto ejemplo de cómo componer a cuatro manos y no ahogarse en el intento. Ahogarse no solo en el sentido de no lograr un cometido, sino de abundar, de exagerar ahí donde se requiere la palabra exacta, el discurso mínimo. La sencillez permite, a quien escucha, adentrarse en lo profundo de una idea, de una sensación o de una experiencia. Exige de su escucha, de su lector, una forma de atención diferente”.

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