Sábado, noviembre 18, 2017
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La guardiana de ‘El Danubio Azul’

LATACUNGA URBANA (F) |Gladys Sinchiguano Espinel es la tercera generación que prepara uno de los platos tradicionales de San Buenaventura. Su local, ‘El Danubio Azul’, conserva su color y estructura originales en cumplimiento a la promesa que le hizo a su padre.

Por: Laura Barreros Cotopaxinoticias.com (F)

San Buenaventura – Latacunga (Cotopaxi). Por algo más de 65 años, el aroma a fritada caliente invade a diario el zaguán de ‘El Danubio azul’, una casa antigua localizada en la Av. Miguel Iturralde, en el sector Colaisa, en San Buenaventura (Latacunga urbana), y que con los años se ha constituido en parada obligatoria de comensales que gustan de este plato típico.

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La tradición familiar de preparar la fritada se remonta al siglo anterior, en las manos de doña Isabel Herrera, abuela de doña Gladys Sinchiguano Espinel, mujer de 67 años que actualmente comercia este plato de lunes a domingo en la casa que heredó de su padre. Mi abuela empezó a vender en el centro de San Buenaventura hace 80 años, relata. Recuerda también que desde ese entonces para la preparación de la fritada hay que madrugar. Ella se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para cocer la carne de cerdo en una gran paila de bronce a fuego de leña.

Doña Isabel Herrera contaba con el apoyo de su hijo José Alberto Sinchiguano, padre de Gladys, para preparar la fritada. José Alberto se casó con Rosa Elvira Espinel y ella hizo suyo el oficio de su suegra y continuó con el negocio. Más tarde este fue heredado por su hija Gladys, la mayor de nueve hermanos y la única que optó por hacer de esta actividad su fuente de ingresos.

De su progenitor, Gladys destaca su habilidad y olfato para los negocios, característica que distingue a los sanbuenaventurenses. En sus viajes, José Alberto se encantó con la arquitectura de las viviendas tradicionales del  Litoral ecuatoriano y a su regreso construyó su casa de cimientos de piedra, pilastras de madrea y ventanales. Pintó su casa de azul y abrió el comedor “El Danubio Azul”, el primer restaurante de San Buenaventura y posiblemente de Cotopaxi, según doña Gladys Sinchiguano.

Ella nació, creció, aprendió el oficio en esa casa en la que cree que morirá. La casa azul es el resumen de su vida. Cada rincón, cada objeto de esa casa está ligado a su vida. Con cariño señala que la paila de bronce en la que conserva caliente la carne fue de su madre. Así también asegura que mientras esté viva, “El Danubio Azul” no cambiará de color, no se remodelará y menos aún se demolerá. Su padre, José Alberto Sinchiguano le hizo prometer que conservaría la vivienda por el mayor tiempo posible.

Con orgullo reconoce que este negocio le dio todo para mantener a su familia y confía que sus hijas y nietas le den continuidad.

Este comedor en la Sierra central de Ecuador fue bautizado hace casi siete décadas con el nombre del vals más famoso compuesto por el austriaco Johann Strauss hijo hace 150 años. La mayoría quizá no lo identifique por su nombre, pero seguro la ha escuchado y visto bailar en matrimonios y fiestas de 15 años.

Anécdotas que se quedan en la memoria

Por este local de la familia Sinchuguano han pasado personalidades como las actrices ecuatorianas que interpretan a Las Zuquillo, el entonces candidato presidencial Rafael Correa, así como autoridades locales como alcaldes, prefectos y funcionarios públicos.

Anecdóticamente, doña  Gladys recuerda aún con sobresalto cómo una persona murió en su local. Una mañana, un grupo de hombres entre los que reconoció a una autoridad judicial llegaron a su local solicitando agua, platos de fritada, ají y gaseosas. Gladys empezó a atender a sus clientes y entre sus conversaciones escuchó que el grupo había amanecido en un burdel cercano y que entrada la mañana habían caminado desde ese local para llegar a “El Danubio Azul”.

De repente, uno de los hombres cayó al piso sin siquiera haber tomado un sorbo del agua que solicitó. La desesperación se apoderó de Gladys por el temor de verse involucrada en la muerte, pero los exámenes forenses determinaron que el hombre murió por un infarto al corazón, aparentemente producido por la agitación de la noche anterior y la caminata de la mañana siguiente.

En otra ocasión, un cliente llegó a su local y le pidió un plato de fritada. Como de costumbre, Gladys le pidió que tomara asiento mientras sacaba los paltos de la cocina. En su ausencia, el hombre había tomado un pedazo de carne de la paila que se exhibía en el zaguán. A su regreso, la mujer encontró al hombre con signos de asfixia. Exaltada entró en pánico y solo sintió el impulso de ir hasta la cocina y tomar una rama de cebolla larga que introdujo en la garganta del hombre como un intento para auxiliarlo. Su oportuna intervención lo salvó.

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