Domingo, octubre 22, 2017
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En las calles y en las plazas

ECUADOR (O) | El mundo vio a las mujeres en las calles y en las plazas este reciente 8 de marzo. Por las redes sociales estuvo expedita la aclaración: “No es un día para felicitación, sino para conmemorar las reivindicaciones”; sin embargo, los ingenuos “feliz día” y los globos y las flores aparecieron por doquier. En Ecuador, los movimientos no fueron notables, pese a la oportunista decisión de rememorar el feriado bancario, como si los políticos de oficio (esos que siempre están bien) no hubieran tenido responsabilidades en el amargo hecho histórico del pasado.

Por: Cecilia Ansaldo Briones

Tomado de Diario EL UNIVERSO (O)

Lo que vale revisar es qué pasa con las mujeres del planeta, que en sociedades de mayor igualdad entre los sexos todavía se cree necesaria la tumultuosa presencia en las calles para clamar por la equidad, luchar contra la violencia de género, desquiciar el machismo inveterado de las miradas culturales, construidas bajo la idea de que las mujeres son inferiores.

Múltiples son las formas de expresión de esa mirada que no está solamente en los ojos masculinos, sino dentro de otras mujeres que descalifican los valores de su sexo, reduciendo su propio potencial de desarrollo. Miremos en nuestro torno para identificar cuántas mujeres están en los directorios de las empresas y de las instituciones públicas, cuando la deseable paridad se enmascara en la búsqueda de los méritos. Las mujeres que estudian y las que se inician en labores profesionales requieren de oportunidades y de un sistema social donde la opción por la maternidad tenga la comprensión suficiente para que desde los maridos hasta los jefes se involucren en la red de justicia que debe sostener el trabajo de las mujeres.

Las muestras de la desigualdad son permanentes. Que 33 mujeres hayan perdido la vida –hasta la fecha– a manos de sus parejas en los femicidios es un dato elocuente sobre el papel castigador que el hombre se atribuye a sí mismo en materia de relación sentimental. No hay violencia mayor que imponer una voluntad personal hasta con la presencia indeseada, que viene sazonada con el maltrato verbal y físico de parte del “más fuerte”. En el otro extremo de esta cuerda está el atropello de la calle, esa atribución masculina de dirigirle la palabra a cualquier mujer para ventear deseos, que dentro de la sala de clase u oficina simplemente, encubren la descarga libidinal en lisonja, dando paso al acoso.

Se reclama en las calles, pero se espera una transformación en el hogar. Que los padres obtengan quince días de licencia de paternidad es una leve muestra de la conciencia que va adquiriendo la incorporación de los hombres a las tareas que impone la formación de una familia. En países más desarrollados, como Suecia, son 90 días, entonces la mujer trabajadora tiene la oportunidad de volver a su hueco profesional y defender lo que le ha costado media vida conseguir.

Ya no va quedando en el mundo la división laboral de lo femenino y lo masculino. La tan defendida fuerza física es reemplazable por aditamentos, se quebró el esquema que sostenía que una mujer conduce un vehículo pero no tiene idea de qué factores lo mueven. Por eso es tan estimulante ver la película Talentos ocultos (Hidden figures), que cuenta la participación de tres muchachas afroamericanas en las investigaciones de la NASA dedicadas a altas matemáticas y geometría analítica.

Para las mujeres no habrá límites.

Foto: En diciembre de 2016, un colectivo de mujeres y los familiares de Erika Artieda protestaron frente a los juzgados de Cotopaxi para evitar que el femicidio de esta joven madre latacungueña quede en la impunidad. El asesino recibió la máxima pena. / Cotopaxi Noticias

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