Domingo, abril 22, 2018
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El Niño Jesús recorrió el centro de Quito con la Mama Negra

QUITO (F) | José y María vestían de poncho, calzaban alpargatas y, quizás, por primera vez en mucho tiempo no tenían rasgos extranjeros. Junto a ellos a la Virgen María se la veía con una túnica tejida, antigua; lucía sus alas plateadas y su corona.

Tomado de Diario LA HORA (F)

Quito (Pichincha). Sus rostros se dejaron ver primero en la Plaza Belmonte, desde donde el grupo folclórico Jacchigua (dirigido por Rafael Camino, de Cotopaxi) inició el tradicional Pase del Niño. Esto en un recorrido de casi una hora que cruzó por las calles Guayaquil, Chile, García Moreno, Sucre y Cuenca, para finalmente ingresar a una misa solemne en la iglesia de San Francisco.

Jacchigua recupera este hecho cultural con el Niño de Isinche (de Pujilí), las cantoras de Chan (de Latacunga), las cuschquicargas, las chinas y los caporales, el ángel de la estrella (de Latacunga), los reyes magos, los pastores, los priostes y hasta el personaje de la Mama Negra (fiesta tradicional de Latacunga). Una muestra del sincretismo social y religioso, en un evento artístico del que participaron 260 bailarines.

El Pase del Niño culminó con una misa en la iglesia de San Francisco. Foto: Diario La Hora Quito

Al son de los villancicos y comerciantes

El Centro Histórico de la ‘Carita de Dios’ se pintó de colores desde las 10:00 hasta el mediodía. Los sombreros de paja se veían a lo lejos, los coloridos ponchos llenaban la calle y se rodeaban de curiosos y visitantes que se sumaron a este acto de fe y tradición.

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Los trabajos de construcción del Metro en la Plaza de San Francisco no detuvieron el paso de los bailarines, ni de sus seguidores.

Ya en el atrio del legendario Cantuña, creyentes y turistas esperaban el pase de la imagen del Niño Jesús.

‘It’s the ecuatorian Jesus Baby”, explicaba un guía a un grupo de personas canadienses. Ellos no perdieron la oportunidad para fotografiar el evento.

Los pequeños comerciantes hacían lo suyo a las afueras de la iglesia, unos vendiendo palo santo, otros comida. Pero quienes compraban solo podían estar allí, porque “no se come mientras se está en misa, eso es falta de respeto”, mencionó una de las asistentes regañando a un visitante. “Y te vas quitando la gorra, también lo es”, agregó.

Durante el sermón del sacerdote, el silencio solo era interrumpido por el canto de los villancicos en un patio contiguo, cercano al altar principal, pero parecía no molestar a nadie.

El cura habló del amor al prójimo, de la importancia de mantener vivas las tradiciones, de la historia del nacimiento de Jesucristo. Frente a él centenares de personas seguían sus palabras, repetían la liturgia, se persignaban y se arrodillaban por fe.

Sin velas por esta vez

Por esta vez, en la iglesia no pusieron veladoras. “Me quedaron dos velas que quise encender por la salud de Clarita”, dijo Malena, creyente. La razón para no ponerlas es la seguridad, explicaron algunos sacerdotes, pues hay mucha gente y mejor evitar cualquier accidente.

La liturgia terminó después de la bendición del padre, pasado el mediodía, de la misma forma que comenzó: con música folclórica y la Mama Negra bailando.

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