Martes, diciembre 12, 2017
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Desde Latacunga se coordina los vuelos militares hacia los límites con Colombia

ECUADOR (I) | El choque de las botas con el asfalto mojado se escucha a lo largo de la pista del aeropuerto de Lago Agrio, en Sucumbíos. 100 militares, formados en fila, marchan hasta el avión que los espera para llevarlos a casa. Los uniformados pasan 21 días en la frontera norte, patrullando zonas selváticas, con posible presencia de grupos irregulares armados.

Por: Fernando Medina

Tomado de Diario EL COMERCIO (I)

Lago Agrio (Sucumbíos). Durante las tres semanas, los soldados también levantan retenes en la vía que conecta Lago Agrio con Colombia e inspeccionan buses y autos, en busca de armas y narcóticos.

La planificación es exacta. Los militares tienen contabilizadas las raciones de comida y la ropa para 21 días. Tras ese período, las tropas regresan a casa y otro grupo los reemplaza.

De esa forma, el control es permanente en los 170 kilómetros de cordón fronterizo que hay a lo largo de Sucumbíos.

El miércoles (19 de julio de 2017), EL COMERCIO acompañó a la Fuerza Aérea (FAE) a Lago Agrio. El subteniente Fernando Roldán era parte de la tropa que estaba por regresar a casa. Desde hace dos años, él viaja a Sucumbíos desde su natal El Oro.

El oficial relata que su misión es dar seguridad en la frontera, especialmente por los grupos irregulares que hay en Colombia, como el ELN y disidentes de las FARC que no se acogieron al proceso de paz del 2016.

Los soldados saben que no pueden bajar la guardia. El Gobierno ecuatoriano teme que los disidentes activen ‘microcélulas’ cerca a la frontera norte y se den posibles casos de extorsiones o secuestros a empresarios ecuatorianos.

Por eso, Roldán y el resto de tropas suelen internarse en la selva para rastrear bases irregulares o pasos clandestinos.

Jimmy Ruiz es suboficial de la Fuerza Aérea. Él está acantonado en Lauro Guerrero, un punto cercano a la frontera con Colombia y el miércoles se preparaba para dejar Lago Agrio.

Antes de abordar el avión, relató que apoya los operativos que realizan Antinarcóticos y Aduanas, en esos 21 días.

En Lauro Guerrero, el soldado también identifica a sospechosos que intentan traficar municiones y combustible. A diario un equipo monta retenes en la vía, hasta las 18:00.

Datos oficiales refieren que, en el 2016, las Fuerzas Armadas ejecutaron 6 323 operaciones en las fronteras norte y sur. Para esas tareas, la institución empleó 31 975 militares.

El miércoles, casi a las 14:20, el avión despegó desde Sucumbíos hacia la Base Aérea Simón Bolívar, en Guayaquil. Durante el trayecto, la mayoría de soldados durmió.

“Estos hombres han pasado tres semanas sin descansar. Una vez que dejan la frontera regresan a sus casas y pasan con sus familias siete días. Luego vuelven a la frontera”, explica el capitán de la FAE, Jonathan García. Él es el jefe de despacho de los vuelos logísticos que relevan al personal.

Cada miércoles y jueves, un avión de la Fuerza Aérea recoge a los uniformados en Lago Agrio y Esmeraldas, y los lleva a Guayaquil y Latacunga.

Entre enero y junio de este año, la FAE ha ejecutado 32 de estas operaciones. Y en el 2016 se hicieron otras 70.

La ruta siempre inicia en el aeropuerto de Latacunga. El miércoles, técnicos de la FAE analizaban las condiciones climáticas, desde las 06:30. Esa mañana, la temperatura bordeaba los 9 grados y las ráfagas de viento sacudían los uniformes camuflaje de los soldados.

En la terminal aérea de Latacunga opera el Ala de Transporte número 11 de la FAE. Esa unidad se encarga de los vuelos que movilizan al personal.

Los militares utilizan tres tipos de aeronaves para estas tareas: el Boeing 737, el Casa y el Hércules C130. En total, 65 militares pilotan los aviones y otros 150 aerotécnicos los mantienen en perfecto estado.

El miércoles, la FAE empleó el Boeing 737 para el traslado de las tropas. Esa aeronave tiene capacidad para 105 pasajeros. A las 11:00, la tripulación y los soldados despegaron de Latacunga rumbo a Guayaquil.

Dos horas antes, los pilotos y aerotécnicos se reunieron y analizaron los posibles riesgos del vuelo, revisaron los mapas de navegación y la cantidad de combustible que almacenaba el avión. Solo así, la tripulación, conformada por seis militares, tiene vía libre para salir.

En Latacunga, la FAE embarcó a un primer grupo de 35 militares. Y en Guayaquil subió el otro grupo. Antes de despegar hacia Lago Agrio, el piloto Luis Aníbal López chequeaba nuevamente los sistemas eléctricos y de aire del Boeing 737.

En la cabina, el oficial relataba que maneja esa aeronave desde el 2014. Antes, pasó cuatro años por la Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea. Allí piloteaba avionetas y aviones de entrenamiento militar.

El miércoles, López llegó a Lago Agrio a las 14:00. La densidad de las nubes complicó el aterrizaje. Además, la pista estaba mojada. Finalmente el avión tocó tierra y los soldados descendieron. Algunos, con sus familiares, pues viven con ellos en villas militares.

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