Miércoles, septiembre 20, 2017
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David Jailaca, el niño que ganó una beca al ayudar a salvar al jambato negro

COTOPAXI  (I) | Tan abundantes eran los jambatos negros en los Andes del centro norte de Ecuador, que cuando uno caminaba por allí había que tener cuidado de no pisarlos. Así lo relata en sus crónicas un célebre científico español que exploró la región a finales del siglo XIX. Abundaban especialmente en Cotopaxi y Pichincha. El Parque Nacional Cotopaxi era uno de los lugares donde se los podía encontrar.

Por: Laura Plitt

Tomado de BBC Mundo (I)

Londres (Inglaterra). Para los niños, estos sapos de vientre anaranjado brillante y dorso negro azabache, eran compañeros de juego. Para sus padres, un antídoto eficaz contra un cúmulo de enfermedades: servían para curarles el “espanto” a los pequeños, para tratar verrugas y erupciones cutáneas e incluso para aliviar el dolor de cabeza.

Pero hace tres décadas comenzaron a desaparecer. La población de Atelopus ignescens mermó a tal punto que los científicos lo dieron por extinto, hasta que David Jailaca, un niño campesino de 10 años lo encontró.

En el campo usaban a la rana para tratar varias enfermedades.

El niño lo encontró en un pueblo remoto de la provincia de Cotopaxi.

Gracias a su hallazgo, los investigadores volvieron a la zona y rescataron a una colonia fundadora genéticamente viable de 45 individuos. Y, ahora, por primera vez, lograron reproducir a esta especie en cautiverio.

Este hito constituye un paso crítico para garantizar la supervivencia de esta especie, amenazada por el cambio climático, la pérdida de hábitat, la introducción de especies foráneas, y la enfermedad provocada por el hongo quítrido que está aniquilando a los anfibios en todo el mundo.

La insistencia de David

El Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios en Ecuador ofreció en 2016 una recompensa de US$1.000 en efectivo para quien encontrase al sapo perdido.

El hermano mayor de David también ayudó a encontrar a la rana.

Más para crear conciencia sobre la desaparición de los anfibios que para encontrar al sapo, que cada vez creían menos posible.

“Justo cuando habíamos perdido nuestras esperanzas, una familia campesina de un sitio remoto no avisó que su niño había visto a la ranita”, le dice a BBC Mundo Luis A. Coloma, investigador y director del centro.

“La primera vez que él y el cura del pueblo -que había pasado el mensaje del centro a la comunidad- nos mandaron una foto vimos que no era. Pero el niño insistió en que la había visto. Y la segunda vez que nos mandaron una foto, vimos que sí era la especie (que buscábamos)”.

David, de unos 10 años, la encontró junto a su hermano mayor en un campo de alfalfa al lado de su casa. El premio le permitió a su familia mejorar las condiciones de su vivienda y financiar los estudios de los niños.

Rescate y conservación

Coloma aún no sale de su asombro de que se haya encontrado a la rana.

Había tantos jambatos negros que había que tener cuidado de no pisarlos, cuenta un científico español que visitó la región en el siglo XIX.

Cuando visitaron la zona del hallazgo, lo que los investigadores hicieron fue un verdadero rescate.

“En ese sitio están construyendo una carretera y se estaban muriendo todos los animales”, dice.

“Había muchas amenazas en ese sitio. Al analizar muchos de los ejemplares, descubrimos que muchos estaban contaminados con el hongo quítrido”.

Tras obtener renacuajos en cautiverio, el próximo paso será reintroducirlos en su hábitat.

Y, según señala el investigador, la idea es incluir a la comunidad en los planes de conservación.

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