Domingo, junio 25, 2017
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Refugio

Carrera de duendes

LATACUNGA URBANA (F) | Bueno; vamos a retomar aquellas memorias un poco intrigantes, aquellas que nos dejan entre la duda y la verdad, de esas leyendas que te dan un poco de miedo, pero sabes que existen, ya sea en tu realidad o en tu subconsciente, en la mayoría de estas fábulas los protagonistas han sido los duendes, aquellos pequeños seres traviesos, un tanto viejos, un tanto niños, un tanto malos, un tanto buenos con los infantes, en fin siempre han estado en nuestro mundo siempre……..

Por: Pedro Martín Villamarín Espinel para Cotopaxinoticias.com (F)

Latacunga (Cotopaxi).  Hoy nos vamos a centrar en el conocido pasaje o escalinata de la calles Islas Encantadas y Oriente, ubicadas en el lindo barrio de San Sebastián, detrás de las propiedades de la familia Díaz Álvarez y junto a la casa de la vecinita Eulalia Parreño y familia Cevallos; se dice que alrededor de la época de los 60-70 en ese lugar era una “cuesta” o loma bien inclinada, lógicamente era una cangagua, porque aún no se contaba con la infraestructura actual; por las noches ya nos podemos imaginar que la luz era insuficiente y ahí aparecería un mágico misterio, aquel misterio que siempre perseguía a los “borrachitos” pues así era, llegaban las altas horas de la noche en especial los fines de semana, cuando se escuchaba a los perros ladrar al oír los cánticos o los gritos de los ebrios que pasaban por el mencionado sector, he ahí, aparecían aquellos pequeños seres un tanto color verde con su gran sombrero, eran dos se dice, uno de color dorado que al parecer estaba cubierto de oro y el otro gris al parecer recubierto de plata, se acercaban cuidadosamente aquel señor pasado de copas y le hacían sentar en la parte inferior de la loma para que sea su “Juez” ustedes se preguntarán Juez de que…. Pues de una carrera de coches que improvisaban los vivarachos duendes, pues aquellos seres le mencionaban que no se debe mover del lugar indicado mientras no termine la competencia y tenía que decidirse o apostar por uno de ellos, bien sea el duende de oro o el duende de plata, como los “chumaditos” no estaban en sus cabales la avaricia les rondaba y se inclinaban casi siempre por el de oro, pero estaban equivocados pues esa era la trampa de los pequeñines, ya que el de oro perdía siempre, y la penitencia para el apostador “chumadito” era mirar la grieta que estaba en el lindero de la cangagua y la propiedad de la familia Álvarez, culminada la carrera se acercaban los dos pequeños seres hacia el “chumadito” a agradecerle por su gentileza de ser su juez y sin olvidarse de pagar su penitencia, el mirar a aquella grieta un tanto profunda, no le quedaba más al señor “tomadito” que cumplir aquel mandato, pues ahí ya estaba mirando hacia debajo de la grieta y entre risas y “murmullos” los traviesos seres empujaban a los ebrios y se deleitaban de verlos caer en lo profundo de la grieta, tal seria el golpe de la caída que los dejaba inconscientes hasta el amanecer, llegada el alba empezaban a recuperar su juicio y a recordar aquella experiencia vivida con los pequeños seres, a veces en su boca aparecía espuma según se sabe, y ya se pueden imaginar, tal vez nunca más volverían a pasar por el lugar y si lo hacía deberían estar en sano juicio para no observar o volver a vivir esta pequeña lección de los duendes hacia los “chumaditos”.

Los posteriores fines de semana para aquellos “amantes” de la copa ya eran un tanto miedosos y decidían mejor no tomar, aparentemente la sorpresa de sus esposas al no verlos salir un fin de semana era grande, pero no se daban cuenta que detrás de su negativa al licor estaban los pequeños y traviesos duendes.

Se corría la vos en el barrio y ya casi todos los vecinos conocían de estos hechos un tanto extraños.

Aquí se refleja lo hermoso de las leyendas, de las fábulas, de nuestra realidad y de nuestro pasado; como no escribir estos importantes argumentos, si forman parte de nuestros días…….

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